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La Couvade

Hay una extraña costumbre en varias partes del mundo que requiere que en los parto el marido guarde cama cuando la esposa va a dar a luz. El antropólogo Edrad B. Tylor fue el primero en llamar a esta practica “couvade” Al momento del alumbramiento el hombre se mete en su cama e imita los movimientos de la esposa en el acto del parto.
Cuando la criatura nace, es costumbre en algunas partes de acuerdo con la couvade que la madre se levante al día siguiente a ocuparse de sus tareas domésticas mientras el marido permanece en cama cuidando al niño por espacio de cuarenta, como si él hubiera pasado por el trance. Así mismo es el que recibe los regalos y felicitaciones de los amigos ocupándose la esposa del cuidado del esposo y preparar, además las comidas para los invitados.
Debe reconocerse el escaso razonamiento lógico en algunas etnias cuya conducta descansa en la tradición, Por otro lado la vida civilizada ha debilitado mucho el físico corporal femenino, la mujer primitiva no siente dolor en el alumbramiento y lo lleva a cabo con el desenfado que la gallina pone un huevo.
La costumbre de La couvade parece haber existido desde la antigüedad, si hemos de dar crédito a los escritores griegos y romanos. Se conocía en los países del Mar Negro mil años antes de la era Cristiana.
La encontramos asimismo en Córcega; la practicaban los celtas chipriotas, iberos, tracios y escitas . En la Edad Media Marco Polo la halló en el Turquestán chino, se ha dado también en Yucatán, las Antillas, Colombia, Brasil y por otras partes de Sud América. Parece que aún existía en el siglo diecinueve en las provincias del Báltico y en Holanda. Hacia 1950, la couvade se practicaba en Bearna y Limosina (viejas provincias de la Francia meridional y Central). Y lo que es más sorprendente el profesor Gustavo Cohen de la Sorbona en París, informa que pudo observar esta curiosa práctica en Staphorst, cerca de Meppel, en Overijseel, una provincia de Holanda Oriental.
Maximiliano Muller opina que la couvade era la manera en que el marido evitaba los regaños de la suegra por el trance en que había puesto él a la esposa, esta impresión no parece justificar a nadie, excepto al autor.
De acuerdo con otros observadores, esta costumbre debería considerarse como indicación de que el hombre reclamaba para sí todo el crédito de la perpetuación de la especie. Tampoco es esta teoría del todo satisfactoria toda vez que los primitivos no entendían la relación que hay entre el coito y la concepción, atribuyendo el nacimiento de los hijos a influencias de los espíritus.
Una explicación más plausible de la referida práctica es que su propósito era burlar a los espíritus malignos en su intento de aprovecharse de la temporal debilidad de la parturienta.
La gente primitiva era muy adicta al simbolismo y tenía fe ciega en el pode mágico de la tradición. Su vida individual y social se regía por innumerables tabúes y creían en al influencia de varios genios, fetiches y maléficios. Los negros del congo, aún los que han recibido instrucción de los misioneros y se consideran avanzados, siempre conservan sus viejas costumbres.
Hasta no hace mucho en algunas partes de Francia cuando la mujer siente que se acerca el parto, se pone los calzones del marido para que los demonios no se aprovechen de la endeblez temporaria de ella en el sobre parto. Por esta simulada masculinidad espera ella librase de las malignas influencias de aquellos.
La explicación de la couvade que parece más lógica es la que se relaciona con el cambio de organización social. Hay que recordar que aquella gente profesaba el matriarcado, en que la descendencia es toda en línea materna y los hijos pertenecen a la casta de la esposa. Por lo tanto algunos etnólogos consideran que la couvade señala la transición del matriarcado al patriarcado. En otras palabras el cambio de la descendencia de la madre al padre, dando a este el derecho sobre los hijos.
En la sociedad matriarcal, los hijos pertenecen al tío materno – no al presunto padre. Este goza del privilegio de protegerlos y darles el sustento, pero no tiene autoridad sobre ellos. Cabe suponer, por lo tanto el padre rebelándose contra esta extraña potestad, ha querido asumir sus derechos paternales, imitando al acto que enlaza al niño con la madre y haciéndose partícipe de las pruebas y privaciones que a este se impone con el motivo del alumbramiento. De esa suerte intenta el padre abolir la prerrogativa del tío materno y simbolizar el nexo que él cree tener con su hijo a quien concede el derecho de herencia.
Para terminar pues, puede decirse que al couvade representa la etapa de la evolución social que ha llevado a la humanidad del matriarcado primitivo a la herencia familiar que existe en nuestra civilización.

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