Las Indias Violadas
LA MALINCHE
De Cortés ha tenido un hijo y para Cortes ha abierto las puertas de un imperio. Ha sido su sombra y vigÃa, intérprete, consejera, correveidile y amante, todo a lo largo de la conquista de México; y continúa cabalgando a su lado.
Pasa por Painala vestida de española, paños, sedas, rasos, y al principio nadie reconoce a la florida señora que viene con nuevos amos. Desde lo alto de un caballo alazán, la Malinche pasea su mirada por las orillas del rÃo, respira hondo el dulzón aroma del aire y busca, en vano, los rincones de la fronda donde hace mas de veinte años descubrió la magia y el miedo.
Han pasado muchas lluvias y resolanas y penares y pesares desde que su madre la vendió por esclava y fue arrancada de la tierra mexicana para servir a los señores mayas de Yucatán
Cuando la madre descubre quién es la que ha llegado de visita a la Painala, se arroja a sus pies y se baña en lagrimas suplicando perdón: La malinche detiene la lloradera con un gesto, levanta a su madre por los hombros y la abraza y le cuelga al cuello los collares que lleva puestos. Después monta a caballo y sigue su camino junto a los españoles.
Necesita odiar a su madre. Desde que los señores de Yucatán la regalaron a Hernán cortés hace cuatro años, la Malinche ha tenido tiempo de vengarse. La deuda está pagada: los mexicanos tiemblan y se inclinan al verla venir. Basta una mirada de sus ojos negros para que un prÃncipe cuelgue de la horca. Su sombra planeará mas allá de la muerte, sobre Tenochtitlán que ella tanto ayudó a derrotar y a humillar, y a su fantasma de pelo suelto y túnica flotante seguirá metiendo miedo, por siempre jamás, desde los bosques y las grutas de Chapultepec.
Tomado de ” Verdadera historia de los sucesos de la conquista de Nueva España ” Tomo XXVI por Bernal DÃaz Del Castillo / 1863
Las Indias Violadas
LA MALINCHE
De Cortés ha tenido un hijo y para Cortes ha abierto las puertas de un imperio. Ha sido su sombra y vigÃa, intérprete, consejera, correveidile y amante, todo a lo largo de la conquista de México; y continúa cabalgando a su lado.
Pasa por Painala vestida de española, paños, sedas, rasos, y al principio nadie reconoce a la florida señora que viene con nuevos amos. Desde lo alto de un caballo alazán, la Malinche pasea su mirada por las orillas del rÃo, respira hondo el dulzón aroma del aire y busca, en vano, los rincones de la fronda donde hace mas de veinte años descubrió la magia y el miedo.
Han pasado muchas lluvias y resolanas y penares y pesares desde que su madre la vendió por esclava y fue arrancada de la tierra mexicana para servir a los señores mayas de Yucatán
Cuando la madre descubre quién es la que ha llegado de visita a la Painala, se arroja a sus pies y se baña en lagrimas suplicando perdón: La malinche detiene la lloradera con un gesto, levanta a su madre por los hombros y la abraza y le cuelga al cuello los collares que lleva puestos. Después monta a caballo y sigue su camino junto a los españoles.
Necesita odiar a su madre. Desde que los señores de Yucatán la regalaron a Hernán cortés hace cuatro años, la Malinche ha tenido tiempo de vengarse. La deuda está pagada: los mexicanos tiemblan y se inclinan al verla venir. Basta una mirada de sus ojos negros para que un prÃncipe cuelgue de la horca. Su sombra planeará mas allá de la muerte, sobre Tenochtitlán que ella tanto ayudó a derrotar y a humillar, y a su fantasma de pelo suelto y túnica flotante seguirá metiendo miedo, por siempre jamás, desde los bosques y las grutas de Chapultepec.
Tomado de ” Verdadera historia de los sucesos de la conquista de Nueva España ” Tomo XXVI por Bernal DÃaz Del Castillo / 1863